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miércoles, 13 de enero de 2016

CALLES XIV.


 Un paseo por la calle Bella y sus aledaños.


Habíamos dejado este apartado un poco abandonado y creo que merece la pena el retomarlo pues esto es algo que para muchos de nosotros todos estos lugares nos traen muchos y gratos recuerdos de la niñez.
Este será uno de los últimos paseos por las calles de jimena por ahora y como no podía ser de otra manera intentare ponerle algo más de ilusión, rapidamente sabreis él porque.
Quien me iba a decir que íbamos a terminar estos paseos por  nuestro pueblo la calle bella, después haber recorrido prácticamente todo el pueblo y habernos quedado a las puertas de Canavá, aún nos queda material en la recamara para seguir haciendo algo que tanto me gusta. Muchas gracias.

Hoy,  retomamos de nuevo estos paseos,  y continuamos por la parte baja del pueblo. Habíamos salido de las cuatro esquinas para todos los lados, pero la calle bella y sus aledaños habían quedado prácticamente fuera. Esta entrada está dedicada a varias personas, en un primer lugar y por edad, a Manuel Sena Fernández, para los amigos Manolo,  que aunque hace mucho que se fue de Jimena y no pisa ese lugar, la recuerda con mucho cariño, desde su lugar de residencia en Málaga, a mi amigo Antonio García Amezcua, que conoce muy bien esta zona del pueblo , tampoco puedo olvidarme de Blasi Ruiz, todos ellos de niños rompieron  muchos zapatos por estos lugares y estoy seguro que a dia de hoy les encantara verlos otra vez en estas fotos, va por vosotros.   


Como no,  aparecen en mi memoria ciertos recuerdos de personas que ya por desgracia,  no están con nosotros, algo que es inevitable.  Siendo pequeño el que escribe andaba con ellos por estos lugares. También quiero dedicar un pequeño agradecimiento a esas dos personas que están en la trastienda,  mis hijas.  Que desde Barcelona y Múnich,  aunque están muy atareadas,   siempre tienen un momento para corregir a este modesto aprendiz que no sabe hacerlo mejor pero que con su ayuda siempre mejora  y mucho.


Esta imagen no está en mi memoria.  Al fondo está  el pilón,  y la casa de doña Aniceta, que yo la recuerdo siempre como aquella casa grande (Sindicato) donde estaba Juan Mejías y José María Sannicolas. En alguna ocasión fui con mi padre para aquellos de los sellos.


Esta foto se hizo justamente desde los escalones que hay subiendo del pilón a la calle bella.  No se ve la puerta de Antonio Maleno, que menciono en la fotografía anterior. Recuerdo entrar a esa casa cuando iba  con Antonio Maleno alguna que otra vez,  y sobre todo,  más tarde cuando  Gil iba a ver a su a la abuela.



Esta se hizo desde el lado inverso de la anterior. Tan  solo recuerdo El sindicato con aquellas banderas en el balcón,  y a Bartolomé Gámez como el ayudante de Mejías y José María San Nicolás.



No conozco nada del interior de este lugar,  que es el mismo de la anterior, espero que alguien me diga el nombre de la calle.


De este lugar sí que tengo recuerdos y muchos.  Pero,  esta foto para Manuel Sena Fernández (hijo de uno de los notarios que paso por Jimena en los años  30) , se que le trae unos gratos recuerdos. Esa casa de la izquierda,  es donde se crio.  En más de una ocasión,  me ha comentado que la recuerda perfectamente.
Más al fondo,  era el lugar donde vivió EL sacerdote llamado don Salvador Calvo Pinto. Puerta con puerta vivió Chicorrete, uno de los músicos de Jimena,  que se desvivía cuando veía a mi abuela Juana Ramona.  Y, para terminar un gran recuerdo, la pared que hay al fondo y en lo alto es la pared trasera de la casa donde él que escribe vino al mundo.


Gratos recuerdos al ver  a la izquierda "la regeneradora".  Aquella fábrica de aceite en la que algunos de los molineros fueron, el padre de Luis el de Juan de Soto, Panera, Manuel Gila y Cristóbal Azuceno entre otros, les recuerdo perfectamente porque en más de una ocasión Yo fui a llevar con los mulos y la borrica la aceituna de Francisco Garrido, el abuelo de mi primo Francisco, concretamente las de la  postura y el marqués. 
Y como olvidar la  primera casa de la derecha, allí vivió mi amigo Andrés Varillas, que por desgracia ya hace tiempo que nos dejó. Desde aquí mi recuerdo para esta gran persona que fue Andrés.


Esta foto se hizo desde la puerta de la regeneradora a la subida de las casillas. Aquí,  ya siendo algo mayor, tengo dos recuerdos.  El primero,  ir con mi amigo Gil a llenar los comederos y bebederos de la granja,  que en su día monto Pedrito el de las escribanas. El segundo y mucho más cercano, a mediados de los ochenta, iba con mi hija mayor por las tardes, cuando estábamos de vacaciones a buscar los huevos a mi madre a la granja, que  regentaba José,  el padre de  la Cuadritos.


Aquí también tengo un grato recuerdo. En la puerta de bajada a la izquierda,  entré en numerosos ocasiones, esta era la casa de los abuelos de mi amigo Bernabé Lozano Ruiz,  otro que también nos ha dejado no hace mucho tiempo.  Desde aquí mi recuerdo también para él.
 La diferencia está que  en la parte de la derecha mis recuerdo se remontan a la pared de los trojes de la regeneradora.


Aquí la calle inconfundible. Seguimos bajando de la regeneradora camino del cementerio y me encuentro con otra sorpresa, lo que antiguamente era la fábrica de aceite del piojo (fábrica de la que mi padre fue molinero y que yo nunca vi abierta)se ha transformado  aquel solar pasados los años,  en el lugar donde se hicieron  casas, esto he de decir que sí que lo he visto, pero cuando he pasado con el coche.


De este tramo sí que recuerdo varias cosas.  incluso la foto de mi memoria está un poco más abajo.  Subiendo a la derecha,  la casa de José el Corneta,  otro de mis quintos, con aquella cruz en la fachada.  Más arriba, la carpintería de Andrés Garzón, lugar que fui en más de una ocasión con mi amigo Paco su hijo.Más arriba el Zopo,  aquel señor que nos arreglaba los zapatos y en la parte contraria,  la cuadra de mis primos Martin y Juanito "los Chaquetillas".También  La casa de Blasi Ruiz y la de su Primo Pedro Manuel Viedma Molina,  y por último aquel parral que había más arriba.


Camino del cementerio. Mis recuerdos de esta calle,  están ligados a cierto momentos muy duros para mí, pero eso,  queda en mi mochila. En marzo, como llovía aquel día y en mayo  que calor hacía,  recuerdo subir con una gran calor,  la camisa chorreando,  pero con una conversación impresionante de mis recuerdos.  Mi primo Martin León Muñoz,  me puso al corriente de gran parte de mi árbol genealógico, que lección tan grande me dio aquel día, nunca  la olvidaré y que conste,  que gracias  a su gran memoria hemos podido juntar unos datos de la familia que posiblemente se hubiesen perdido.

Que trabajo cuesta subir esta gran cuesta.



AQUÍ LA TENEIS TERMINADA,
CREO QUE QUEDO BIEN,
ESPERO QUE OS GUSTE.

lunes, 30 de marzo de 2015

CALLEJONES.

Desde el primer momento que empecé con esta aventura pensé un título, que después de consultarlo con algunos de vosotros  decidimos modificar, las tres palabras principales fueron pueblo ,raíces y recuerdos , esto decidí compartirlo y contar con vosotros  y aquí tenéis un ejemplo más, yo aquí solo copie  pegue, si os gusta las culpables son  Montiel que fue quien hizo las fotos y Ana Cruz que desde que le pedí que lo hiciese, no lo dudó ni un momento, yo solo de dije que si mientras lo escribía dejaba de pensar en otras cosas que posiblemente les quiten el sueño, yo con eso poquito me conformaba y la verdad lo que nos ha escrito creo que merece la pena leerlo, yo aquí solo hice lo que estas dos mujeres han plasmado con tanto acierto Gracias María gracias Ana por todo, como siempre fue un placer, contar con este tipo de colaboradoras lo habéis bordado.





DESDE LA DISTANCIA

Nostalgia…, melancolía…, alegría salpicada de tristeza…, sentimientos que se mezclan pellizcándome el corazón, causándome, sin remedio, la evocación de mil recuerdos de aquella etapa de mi vida, donde esa estrecha callejuela, que en sus diferentes ángulos ha captado, maravillosamente, el amigo Juan, fue testigo de una parte de mi niñez y adolescencia.
No nací en esa calle, sin embargo y dada mi edad cuando llegué a ella, los mayores recuerdos de mi vida en Jimena, los tengo de esa casa.  Al contemplar hoy su fachada, en estas actuales fotos, busco las posibles diferencias que pudiera tener con la otrora que yo dejé hace ya 51 años. Realmente, casi me pasan desapercibidos; como tampoco observo grandes cambios  en las otras casas que allí existen, sin embargo, no dudo que tal vez en su interior pudiera haber alguna modificación.



Aunque pensándolo bien…, si dejara de mirar ese callejón, esas casas, desde un ángulo meramente físico y permitiera  que mis lejanos, pero siempre leales recuerdos, se hicieran presentes, colocándole su ángulo emotivo a este profundo escudriñar, entonces sí, sí que podría hablar de un enorme cambio…de una gran diferencia en esa calle…y se llama:  ¡VIDA! 

Sí, VIDA…, la VIDA que se sentía…, se respiraba…, se compartía…, en esa inolvidable callejuela que mi memoria, desde el año 1964, guarda celosamente, y que contrasta, lastimosamente para mi sentir, con la fría soledad de la actual  imagen…¡cómo quisiera transmitirle a esas maravillosas tomas de la calle, el calor de la VIDA que un día impregnó sus paredes…!

Mis recuerdos se hacen presentes…, fluidos… y entonces  me hablan de toda una vida llena de anécdotas en aquel callejón: mi casa, la que por un tiempo fue mi hogar, habitada por mi madre, Manuela (La Nevá)y nosotras, sus 4 hijas (María Josefa, Ana, Paqui y More). Mi casa, siempre con gente, pues para ese entonces mi madre era una de las primeras peluqueras de Jimena, y por considerarse a  las jimenatas como  mujeres de querer verse siempre “bien puestas”, era comprensible que mi mamá siempre tuviera clientas para arreglarse el cabello. Nosotras, por nuestra edad, también colaborábamos para que en el ambiente de aquella calle, estuviese cargado del  bullicio normal y característico de niñas de nuestra edad…risas, llantos, juegos, enojos…
La siguiente casa a la nuestra, buscando hacía los escalones, vivía un joven matrimonio: Mariano Gámez y María Roldán, con su hija Cati (para esa fecha, era la única hija que recuerdo de aquella querida pareja).  Para mi grata sorpresa, en el año 2.010, cuando felizmente descubrí el Foro de Jimena y me reencontré, virtualmente, con nuestro pueblo y su gente, el amigo Mariano me explicó el parentesco de él con aquel Mariano que yo conocí como mi buen vecino: resultó ser su tío.


Continuando por la misma línea, la casa que se aprecia en la esquina, era de la señora Juana (la pachancha); realmente no recuerdo el apellido, por lo que pido disculpas por el mote, pero esto es algo casi “imposible” de obviar en Jimena, a la hora de identificar a las personas.  Su esposo creo que se llamaba Diego, pero de lo que sí estoy segura, es quien era su única hija y cómo se llamaba: Catalina.  A élla la recuerdo perfectamente, pues como siempre fui bastante romántica, me gustaba saber sobre los noviazgos de las “mocicas” que en mi entorno había.  De ahí que me encantara ver cuándo, Andrés (el de Lete), iba a hacerle la visita a Catalina.  Posteriormente, está linda pareja se casaron y tuve la dicha de conocer a su primogénita: Cati.

Ya, en la última casa, al borde de los escalones, vivía una señora llamada María, con dos hijas.  Lamentablemente, la memoria de mi madre, no me ha ayudado mucho a recordar sobre esta familia. Algo que nunca olvidaré y especialmente mi hermana Paqui, tiene que ver con la ventana que quedaba, justamente, arriba de la puerta de esta señora María:  resulta que esa ventana, pertenecía a la casa de un señor llamado Juán (por mote: el mecánico), aunque dicha casa tenía su puerta por la carretera debajo de los escalones (a mano derecha). Pues bien, la tal ventana, servía de “escenario” para que el señor Juán, disfrazado de cualquier cosa, se asomara a élla  e intentara asustar y aminorar el “geniecito” que se gastaba mi hermanita Paqui. Realmente nunca lo lograba:  Paqui siempre lo reconocía…

 El callejón no tiene muchas casas; de hecho, en la pared de enfrente a la que fue mi casa, no existe ninguna. Si miro las tomas de las fotos que van hacía el pilar (tengo entendido que ya no existe), me encuentro con la puerta que está al lado de mi casa: era el corral de los Canaveros, y lógicamente, por no ser su  residencia, ellos iban muy eventualmente allí; de manera que no tengo mayores recuerdos de ellos. 


Luego continúo por la misma vía y ya no existen más casas en ese pequeño trayecto del callejón.  En mi recuerdo se hace presente la imagen de aquel pequeño pilar, cómplice de los múltiples e inquietos pensamientos que fluían en mi adolescente cabecita, mientras contemplaba cómo aquel chorro de cristalina agua, llenaba hasta rebosar, el cántaro, o cualquier otro recipiente que mi madre considerara últil para las necesidades de la familia.  Me gustaba ir a buscar agua en verano, ¡era tan agradable refrescarse directamente de la fuente…!, no así en invierno. Ese trazo de calle era muy transitado por todas mis hermanas, pues además de que debíamos ir a buscar el agua al pilar, realmente era por esa vía donde nos gustaba bajar a la plaza, o ir a cualquier parte del pueblo.  Yo, particularmente, la transitaba con más razón, no en vano era en aquella Calle El Cerrillo donde, no sólo vivía mi amiga Nani, (como mi madre la llamaba: la de Luisita),  sino que también vivía mi otra gran y querida amiga:  Mari (LaParpala).


Otro recuerdo que se hace presente es el de la inolvidable vecina:  la señora Josefa (La Parpala). Aunque en el mencionado callejón sólo daba una pequeña ventana, pues su casa tenía la entrada por la carretera, es decir, bajando los escalones, a mano izquierda, la relación con esta maravillosa familia fue sumamente intensa;  tanto que, a pesar del tiempo transcurrido, mi memoria mantiene archivadas  muchísimas y gratas anécdotas con Josefa, con su esposo Diego y con sus hijas Ventura y Lore.  Esta familia fue para mi madre, una enorme ayuda en aquellos tiempos, cuando a mi mamá le correspondió cumplir con diferentes roles:  madre, padre, peluquera…, siempre estaban dispuestos a “echarnos un ojito” cuando mi madre, por razones de su trabajo, debía ausentarse.  Tal vez no sea apropiado, en este escrito, ahondar en estos recuerdos; sin embargo, no puedo evitar mencionar aquel olor a jazmines que impregnaba todo el callejón y que provenía de una gran maceta que Josefa mantenía en el rincón de su fachada.  Como tampoco puedo obviar el recuerdo de otra escena romántica: el noviazgo de su hija Ventura con Cristóbal…a pesar de mi tempranera edad, ¡me encantaba jugar con la imaginación y soñar con rosados idilios…!


Mi memoria auditiva también fluye y me trae un recuerdo…    aquel que me habla de unos intensos e inconfundibles sonidos:  la inolvidable fragua de Fernando (el herrero).  Desde mi casa no se veía lo que en esa fragua sucedía, pues al frente de nuestra fachada, apenas teníamos la pared que conformaba la parte trasera de dicho negocio; obstante, resultaba fácil adivinarlo por los diferentes sonidos que se oían.  Recuerdo siempre los comentarios agradables que tenían Fernando y su padre para con nosotras.

Vuelvo a mirar las actuales fotos y quisiera colocar en éllas todas esas imágenes…, sonidos…, olores…, que mis recuerdos me traen de aquella mi estrecha callejuela…, unos vecinos sentados en las puertas, disfrutando de la tertulia en una noche veraniega…, hablando de las cosas simples de la vida…Me parece oírles cuando yo llegaba de jugar, o de disfrutar del paseo con mis amigas, me preguntaban:  -“¿nena, de dónde vienes?”.  Igualmente recuerdo los comentarios que siempre nos hacían, cuando en las frías mañanas de invierno  íbamos a la escuela: - “a la nena, abrígate y cuidao con el brasero”; o bien, cuando salíamos muy bien arregladitas con la “ropa dominguera”:  -“oi nena, que guapas vas”.

Tal vez en el transcurrir del tiempo, las casas de mi recordado callejón hayan cambiado de propietarios; tal vez existan, actualmente, otros olores, otros sonidos, que para algunos resulten muy significativos…, tal vez…, pero en mi corazón viven prendidos, muy profundamente, aquellos que me traje cuando era apenas una adolescente…, Tanto así que hoy, al contemplar estas fotos y después de 51 años en la distancia, siento esta amalgama de sentires, de emociones:  inmensa alegría de volver a mirar la que fue mi casa, mi calle…, inmensa nostalgia y melancolía al dejar fluir mis recuerdos…, e inmensa tristeza de no lograr percibir, en estas imágenes, el calor de aquella VIDA que en esa callejuela un tiempo habitó…


Nuestra Señora de los Remedios


Nuestra Señora de los Remedios


Carretera Alta.


Fin de Nuestra Señora de los Remedios.

Hoy solo os puedo decir una cosa,
creo que el principal motivo de mi idea, se ha
cumplido, conseguí entretener a Ana
mientras lo escribía el resto es
 cosa vuestra leer y juzgarlo,
esos son parte de sus recuerdos.

lunes, 16 de marzo de 2015

CALLES XIII Cuarta parte.


Que tardáramos tanto tiempo en llegar a Cánava, era algo normal en aquellos días de vacaciones de agosto cuando la familia hacia nada más llegar su primer paseo, era normal el tener que pararse a saludar a la gente y por lo tanto se hacían un montón de paradas y aquello duraba e incluso alguna vez ni se llegaba.

En este caso ha sido diferente, no me he ido parando con unos y con otros como pasaba en mis salidas, sino que se ha ido retrasando porque cada día han ido apareciendo más material y más ayuda , hemos tenido que hacer y rehacer en varias ocasiones y continuamos con un recuerdo muy especial para aquel mítico lugar llamado los Jimenatos, quien no recuerda a Alejando o Juanito en la barra,  a Marina en la cocina, pero la vida sigue y todo cambio y paso a llamarse  Monterrey  por cierto a día de hoy  precisamente fue en ese lugar  donde dormí por última vez en Jimena y mi recuerdo o mi paso por aquel lugar es inolvidable por diferentes motivos, era final de octubre hasta el cuatro de noviembre de 2009 que salimos camino de Murcia,  pero la mayor parte de las fotos son  muy recientes me las ha facilitado María Montiel.




Como olvidarse de aquellos veranos en "los Jimenatos",
 con Marina en la cocina y Alejando en la barra.

 


Este  paseo que hay desde el parque hasta el cruce era nuevo para mí aquí lo tenemos junto al aparcamiento de lo que fue los Jimenatos.

Vista del Hotel desde el aparcamiento 2015.


Siempre recuerdo esto llego de mesas y de gente en 
los veranos de los años ochenta.



Como ha cambiado todo.


Quien de nosotros no se recuerda de subir aquellas escaleras de fondo y encontrarse con a que profesional  detrás de la barra llamado Alejandro.


Como podréis ver aquí esta foto es del 1 de noviembre de 2009  en esta doble entrada se pueden comparar y ver el paso de los años ,en este recorrido tan familiar para los jimenatos con fotos de 2009, 2011, 2012,2013 y 20015.


 Siempre recordare este lugar con menos indicadores  y un árbol muy peculiar.


Quien no recuerda la famosa curva de la cascada,
 por la carretera de Bedmar.



Tomamos la carretera de Albanchez  para llegar a Cánava
 pero sin ningún árbol que nos de sombra.


Con estas últimas fotos y después de muchas paradas nos hemos colocado a la entrada de este lugar maravilloso lugar llamado Cánava, siempre  ha sido una de las insignias de todos los Jimenatos y Jimenatas. He de deciros que algunas de las fotos están calentitas, espero que os guste la partición y el reajuste de esta entrada, todo la documentación que llegue a mis manos creo que debe de ser colocada lo antes posible.

sábado, 21 de febrero de 2015

CALLES XIII. Tercera parte.

Poco que comentar a la continuación de esta entrada, todo está muy calentito entro ayer en mi correo, solo una pequeña introducción con estas cuatro fotos de los últimos arreglos del parque para continuar con algo muy interesante, uno escrito de mi gran amigo Luis Manuel Marín García.
Hace ya mucho tiempo que le he dicho en más de una ocasión que tiene una pluma exquisita, y no contesta o se ríe, al leer esta entrada lo podréis comprobar,  creo que merece la pena leer y aunque esta muy atareado, cuando le propuse la idea no dudo en decirme que si pero que no se comprometía en tiempo yo diría que ha sacado el tiempo de entre las piedras y aquí lo tenemos, lo bonito que tiene esto es que miras el correo y tienes algo, hoy solo me queda dar la gracias a todos y continuar haciendo.



Aquí podemos ver los alrededores de la fuente.


No conocía ni esta salida ni la palmera y por lo que veo en esta foto los asientos dejaron de ser de piedra, para pasar a madera.


Mis recuerdos de este lugar, son de aquellos bancos de piedra y suelo de arena amarilla.


Según me comentaron ayer, estas son los últimos arreglos del parque.


Mirador, antes de la reforma en la primavera 2013.



VACÍOS (Por Luismarín)


Vacíos, si, vacíos: así se han quedado estos bancos enclavados en ese hermoso mirador del final de nuestro Parque. Sin embargo, apenas hace dos años, en las mañanas soleadas y primaverales de aquellos días, esos mismos bancos estaban llenos de “presencias” y voces qué contaban historias o vivencias personales, eran las voces de los que fueron mis “contertulios” durante un par de meses del ya lejano 2013. Fue casi lo mejor de lo que me pasó en aquella larga estancia en Jimena que duró tres meses: febrero, marzo y abril. Fueron tres meses de un lento transcurrir, fue el tiempo la convalecencia que padecí, ¿o disfruté?, a causa de mi operación del famoso “Aquiles”. Regresé curado y con docenas de amigos que me llevaban veinte o treinta años y, quizás, por esa diferencia de edad  nunca había hablado con ellos en toda mi vida.

La palabra vacío viene del término latino “Vacivus”. El vacío puede ser entendido como la falta de contenido físico o mental. Igualmente, esta acepción puede referirse a la ausencia total de materia o a la carencia de contenido en el interior de un recipiente. El vacío también es un sentimiento humano que se caracteriza por la apatía, la alienación o la depresión. La persona que experimenta ese vacío interno se siente sola y puede sufrir diversos tipos de desórdenes emocionales. El sentimiento de vacío suele desarrollarse a partir de la pérdida de un ser querido. Cuando fallece alguien que ocupa un lugar irreemplazable en nuestra vida, queda un hueco, un espacio vacío. En este sentido, el sentimiento de vacío forma parte del proceso habitual que sigue al dolor que nos invade ante la irreemplazable “ausencia”.

Este último tipo de vacío es el que todavía me sigue invadiendo cuando, en mis frecuentes viajes a Jimena, practico esas saludables “caminatas o marchas” que, casi siempre, incluyen la visita a este tranquilo mirador o atalaya que refleja la foto inicial. Desde la misma puedo deleitarme y abstraerme en la contemplación del espléndido y siempre añorado paisaje. También, tengo la alternativa de “enfrascarme” en la lectura del diario o la de cualquier libro.  Además, nunca viene mal un ligero y merecido descanso después de los varios kilómetros recorridos, algunos de ellos en empinadas cuestas. Últimamente, sobre todo en los días invernales,  lo más habitual es que la soledad sea mi más fiel compañera.

Dice un antiguo refrán castellano que “¡Ojos que no ven corazón que no siente!”, pero no obstante, e intentando superar el dolor que me producen las todavía “frescas” ausencias, sigo acudiendo al reclamo de la “panorámica” que ofrecen los dos asientos referidos. En esos instantes de sosiego y tranquilidad no dejan de acudirme a la mente y al corazón los recuerdos de aquellos momentos que ahora echo tanto de menos y que, al mismo tiempo, fueron tan provechosos gracias a mis compañeros de aquellas horas de “solaz” o recreo y que sirvieron para incrementar mi acervo cultural y anecdótico sobre nuestro pueblo. En esas rememoraciones de aquellos días van incluidas las imágenes de esas personas con las que compartí aquellas conversaciones, ya irrepetibles,  basadas principalmente en historias  y “chascarrillos” de Jimena y sus gentes.

En realidad, entre aquellos longevos jubilados y yo, realizábamos una especie de “trueque” o intercambio de conocimientos. Ellos me daban clases de una asignatura tan importante como “El Tratado sobre la Vida” y yo, por mi parte, les daba pequeñas pinceladas sobre los Palacios, Iglesias o Personajes más célebres de Baeza y Úbeda tan a mano en el cercano horizonte sobrepuesto a la orilla derecha del Guadalquivir. Tampoco se escapaba la historia del Marqués de Viana y sus relaciones de “alcahuete y mamporrero” de Don Alfonso XIII; así como la visita de este último, acompañado del Dictador Primo de Rivera al Palacio de Garciéz. Por supuesto, no dejábamos del “cotilleo” sobre la “leyenda urbana” de Don Eusebio (padre del conocido Don Andrés el Jefe de Correos o Don Andrés el de la Casería de Cánava) el Administrador de las posesiones del citado Marqués en el término de Garciéz y la “saga” de los varios pelirrojos locales, donde todos eran morenos, menos Don Eusebio, que tenía el pelo de un rojo azafranado tipo Vincent Van Gogh.

No puedo dejar de acordarme que allí estábamos sentados en el mediodía del 22 de febrero del 2013 ya señalado. Y como no, con la vista en Baeza, les conté de mi estancia, durante tres cursos, en las aulas del Instituto Santísima Trinidad, tan cercano a la Catedral que perfectamente se distingue y destaca en el perfil de la ciudad que se ve desde ese mirador.  Por supuesto que tampoco me olvidaba de hablarles sobre  Don Antonio Machado y sus años de profesor de francés en esa institución y al mismo tiempo les recordaba que,  en el año próximo (2014), se iba a conmemorar el 75 aniversario de su muerte, acaecida en el pueblecito francés de Colliure a orillas del Mediterráneo. También les recordé como esa figura, tan importante de la Literatura Española y Universal, tuvo que alojarse en una modesta Fonda o Pensión de esa pequeña localidad, que la muerte le llegó en una de las pequeñas camas instaladas en la habitación de la pensión que compartía con su madre, que su intimidad solo estaba separada por una ligera cortina colgado entre los dos estrechos y duros lechos y que su madre solo le sobrevivió tres días. Y claro, allí sentados con el sol del equinoccio de primavera por montera, no pude dejar de contarles que en el bolsillo de la chaqueta arrugada, que era de su hermano José, le encontraron un papel amarillento y arrugado dónde había escrito su último verso un tanto enigmático y solitario:

“Estos días azules / y este sol de la infancia”.

Como un pequeño a homenaje a esas personas mayores que me acompañaron durante aquellos días, a los que ya no están, simplemente los voy a citar textualmente. El orden seguido está marcado por la fecha de la tragedia que supone toda desaparición del mundo de los vivos, la enumeración va de más a menos, en razón del tiempo transcurrido desde que, ya desgraciadamente,  no pudieron volver a sentarse en esos bancos ahora vacíos: Juan “Galano”, Pedro Manuel “Chaquetilla”, Salvador “Marchamalo”, Pepe “Pabilo”, Juan Ramón “El Tato” y Juanito “Solas”.  Pensando en todos ellos, no quiero dejar de creer que es verdad lo que nos dice una vieja y no muy conocida sentencia oriental:

Morir no es desaparecer, sino al contrario, renacer en la mente de los demás”.

Repasando la foto inicial y centrándome en lo que sería la visión frontal desde cualquiera de los bancos, veo aparecer unos arbustos de tallos leñosos o resinosos cuyas hojas están formadas por otras hojuelas más pequeñas de forma “lanceolada”. El  número de ellas puede variar de cuatro a siete y en su conjunto con los tallos forman unas ramas muy suaves al tacto, suavidad debida a la presencia de un fino vello que recubre las hojitas. Esta planta puede alcanzar más de un metro de altura e incluso hasta tres en tierra con riego como les ocurre a estas plantas del Parque: este arbusto se llama “Zumaque”.

Viene a cuento su descripción porque me trae a la memoria, como anécdota curiosa, uno de los temas que se repetía día tras día en la tertulia mañanera. Creo que, no hace falta recordar, la capacidad inagotable que tienen las personas muy mayores para repetir las mismas cosas una y otra vez, como, casi todos, ya habremos comprobado personalmente.

El asunto del “Zumaque” se retomaba a diario porque, conforme iba avanzando la primavera, los arbustos iban creciendo poco a poco y cada vez era más reducida la visión de los “Cerros de Fique” y de los más famosos “Cerros de Úbeda”, con sus Ciudades Monumentales incluidas. Yo mismo, fui un par de veces al Ayuntamiento para pedir que, si era posible, podaran aquellas ramas y que no se perdiera la función esencial de ese sitio tan pintoresco: la de “Mirador”.






 (Curiosamente, entre noviembre y diciembre pasados se talaron por fin las plantas del zumaque y se embelleció el mirador con una valla construida a base de troncos circulares de madera de pino en basto y que, al mismo tiempo,  lo separa y da la seguridad de no rodar por el “laero” que baja hasta el camino de la “Romaniente”. Otra vez, salvo cuando lo impiden las nieblas que algunos días se levantan del Guadalquivir por la parte del “Puente de Mazuecos”, el horizonte aparece limpio de toda clase de obstáculos).



Cuando empezábamos a hablar del zumaque, el primero que hacía su aportación era Juanito “Solas”: nos decía que, cociendo sus hojas,  mezclándolas con nueces de ciprés y cortezas de granada, más un componente “secreto” que, sólo él conocía, fabricaba una pomada que servía para cicatrizar heridas y reducir inflamaciones. Después, era Pepe “Pabilo”: nos repetía una y otra vez, que su padre, “El Tío Pabilo”, cocía durante unos minutos un puñado de esas hojas en un litro de agua y que se tomaba cada día dos tazas cuando tenía diarreas o “cagaleras”, la desaparición de las mismas era inmediata gracias al “zumaque”. Por último, intervenía Juan Ramón “El Tato”: nos hablaba de su uso para conservar fresca la fruta que “acarreaban” y vendían en los “mercaos” de Úbeda, Baeza o Linares.  Había que cubrir bien los cajones con ramas de zumaque que, a lomos de borrico o mula, llevaban a las plazas citadas los “arrieros” como él y su hermano Alejandro o el padre de “Margarito” y otros. Nos contaba de sus viajes a pié que duraban de doce a catorce horas cuando les tocaba ir a Linares. Había que salir de Jimena de noche temprana para llegar a primeras horas de la mañana a la Plaza de Abastos e instalar sus puestos de venta al público. Todos los jimenatos, ya de una edad, conocemos la famosa recomendación para viajar de noche hasta la Ciudad Minera: “Andar y andar y Jabalquinto a la par”.

En fin, historias para una buena novela de posguerra o de los “años del hambre”, como también se conoce a esa época. Relatos increíbles de las peripecias y aventuras que padecieron estos hombres en sus viajes forzosos por toda España en busca de unos jornales que en el pueblo no tenían. Una lista interminable de las necesidades, penurias o enfermedades derivadas de una deficiente y escasa alimentación, dura y larga lista que forma parte de la vida de estas personas que, con un coraje inmensurable, desempeñando los trabajos más penosos, con esfuerzos y sudores sin fin,  fueron capaces de sacar adelante a sus mujeres e hijos. Si a algunos de estos hombres se añade la condición de “represaliado político” del franquismo con penas de cárcel o destierro, simplemente por haber sido soldados del Ejército de la República, la situación ya se transformaba en dramática y trágica a la vez.
Pero como por desgracia todos sabemos desde edad temprana, la “Vieja de la Guadaña” no perdona y contribuye con todo su empeño a que se haga realidad la inapelable sentencia bíblica de "Polvus eris et in polvus reverteris" (Polvo eres y en polvo te convertirás). Camilo José Cela en algunas de sus conocidas novelas (no recuerdo si en " La colmena" o en " La familia de Pascual Duarte") ponía en boca de uno de sus personajes las siguientes o parecidas palabras: La muerte llama, uno a uno a todos los hombres y a las mujeres todos, sin olvidarse de uno solo-!Dios que fatal memoria!-, y los que por ahora nos vamos librando, saltando de bache en bache como mariposas o gacelas, jamas llegamos a creer que lo mismo sucederá con nosotros y que, algún día, experimentaremos como se cumple ese cruel designio. 

Otra vez, cuando llegue la próxima primavera y podamos constatar como esas plantas de zumaque comienzan a crecer pausadamente nos podremos hacer la pregunta que se hacía el catedrático de economía y novelista, ya fallecido, José Luis Sampedro: “¿Por qué, por qué los árboles tienen tantas primaveras en su vida y el hombre sólo una? ¿Por qué esa única primavera humana les es destrozada y arrebatada a tantos?”
Igualmente, no nos vendría mal recordar algo que nuestro vecino de la cercana Úbeda, Antonio Muñoz Molina, escribía hace unos meses: La muerte de alguien cercano empuja el tiempo de nuestra vida hacia el pasado. Cuando uno va cumpliendo años, el pasado de los que se han ido empieza a ser el nuestro. Con cada muerte sucesiva una parte de nuestra propia vida se va quedando más lejos, y uno descubre con gradual estupor que tiene recuerdos muy claros de cosas que para muchos otros, más jóvenes que nosotros, esos recuerdos están al otro lado de la frontera de su nacimiento”.
Gustavo Adolfo Bécquer, en una de sus “Rimas”, concretamente en la LXXIII, utiliza un estribillo bastante citado y el cual voy a transcribir utilizando una de las estrofas que componen esa Rima:

“De la alta campana 
 la lengua de hierro 
 le dio volteando 
 su adiós lastimero.
El luto en las ropas, 
 amigos y deudos 
 cruzaron en fila 
 formando el cortejo.
¡Dios mío, qué solos 
                    se quedan los muertos.” (Estribillo)





El poeta murió muy joven, solo tenía treinta y cuatro años, quizás si hubiera vivido algunos años más ese estribillo lo hubiera cambiado y nos habría dejado este otro:



¡Dios mío qué solos 
 se quedan los vivos!






PD: Desde que era muy joven, cada vez que bajaba al cementerio para acompañar a los familiares y amigos dolientes, oía muchas veces decir a las personas que por entonces yo veía como mayores exclamar esta frase: ¡Tengo más conocidos aquí que en el pueblo!. Desgraciadamente desde hace unos años a mí, ya me ocurre lo mismo.










Bonito Rincón.


Bonito Rincón.


Con estas Bonitas fotos y este gran escrito dejamos el parque y continuamos para Cánava, muchas gracias Juani y  Luis, a ella por el detalle de cojer la maquina y hacer estas bonitas fotos  y a Luis por ese gran escrito, como siempre quedo redondo es una delicia el trabajar con vosotros.




Con esta primera parte y como siempre he de daros las
 gracias a todos vosotros, sobre todo a unos por seguirme, 
 a otros por ayudarme en esta entrada, jamás cuando empecé
esta aventura pensé que en menos de dos años este
 modesto blog tuviese más de 17.800 visitas 
y una media de 90 visitas día en este
 último mes.
Espero que os guste